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domingo, 16 de febrero de 2020

PENSAMIENTO: LA VIGA EN EL GRANERO

LA VIGA EN EL GRANERO

Hubo un hombre muy acaudalado que tenía un único hijo, a decir verdad, era su único pariente y por lo tanto, su heredero universal.  Este joven tenía como única preocupación divertirse en los clubes más exclusivos de la ciudad, viajar alrededor del mundo con sus amigos o la novia en turno y sustituir su auto deportivo por otro nuevo, en caso de que haya sido chocado.

Preocupado, su padre intentó en vano hacerlo entrar en razón en diferentes ocasiones:

-          Hijo mío, eres joven, retoma tus estudios e intégrate a las labores de la oficina. En un futuro, no muy lejano, tú serás el presidente de esta corporación, te tienes que empezar a preparar para ello.

-          ¡Por favor papá!  La vida es corta, ¿Para qué voy a matarme estudiando y trabajando si todo lo que pudiera desear lo tengo a mi alcance?  Se trabaja para conseguir las cosas que uno quiere ¿No?, bueno, yo ya tengo lo que quiero ¿Para qué esforzarme?

Conversaciones similares se daban muy seguido entre padre e hijo, hasta que un buen día este buen hombre, en lugar de hablarle, le mostró.  Salieron ambos de la ciudad y llegaron a una pequeña, pero muy pintoresca granja, se dirigieron al granero y se pararon bajo una viga.  El anciano se dirigió al joven y le dijo:

-          He hecho arreglos para que, a mi muerte, esta propiedad no la puedas tocar.  Hijo mío, he vivido demasiado tiempo como para saber en que va a acabar tu vida.  Dentro de no mucho tiempo yo iré a rendirle cuentas al Creador y entonces tu heredarás toda mi fortuna, con todo el dinero, las propiedades y los bienes que ello implica.  Te dedicarás a gastarlo a manos llenas, jamás te interesarás por ninguno de los negocios y dejarás en manos extrañas y tan inexpertas como son ahora las tuyas, el manejo de las finanzas.  En pocos años estarás completamente en la ruina, habrás perdido todas las propiedades, el dinero, las joyas y los negocios estarán completamente en bancarrota.  Entonces, tu vendrás aquí, y en este mismo lugar en donde estamos parados llorarás desesperado como un niño y rogarás a Dios por una nueva oportunidad, entonces, acercarás esa silla que está en la esquina del granero y de esta viga te colgarás. 

El joven, entre asustado y burlón, contestó a su padre:

-          Relájate papá, estas haciendo un drama en donde no lo hay.  Tu déjame hacer las cosas a mi manera y no habrá de que preocuparse.  Pero estuvo bien tu ilustración.  ¡En lugar de empresario debiste haber sido escritor padre, hubieras hecho un bet seller!  ¡Uff!, me espantaste al venir aquí, pensé que me ibas a decir que me ibas a desheredar o algo parecido, pero bueno, no fue lo que yo me temía.

El buen anciano no le contestó nada, solamente lo vio con un dejo de tristeza, melancolía y lástima.

Pasado el tiempo, el padre murió y como se esperaba, este joven descarriado heredó toda la fortuna.  Y tal como lo predijo el padre, se dedicó a dilapidarla alrededor del mundo con cuanto haragán como amigo tenía y con cuanto haragán se le atravesaba en el camino.  En menos de 10 años estaba tan pobre como una rata, dada su condición, ninguno de sus amigos de juerga le contestaban siquiera las llamadas; todos desaparecieron como por arte de magia.  Derrotado, pobre y con una enorme tristeza, enfiló hacia la granja de sus abuelos, única propiedad de que no disponía por haber sido heredada a su sirviente más fiel, a quien se le puso como condición para recibirla, el que este muchacho pudiera entrar como invitado incondicional a ella.

Al llegar a la propiedad, lo primero que vio fue el granero, enfiló hacia él, entró y al ver ese entornó llego a su mente  su padre –ni siquiera recordaba lo que habían platicado en ese mismo lugar, pero su simple recuerdo lo llenó de melancolía.  Lloró desesperado como un niño.  Empezó a gritar entre sollozos:

-¡Dios mío que tonto he sido!  ¡Perdóname padre por favor! He sido toda mi vida un inútil y ahora estoy pagando muy caro el precio de mis errores.  ¡Dios, Dios!  Si me dieras una última oportunidad, yo no la desperdiciaría, emplearía mi vida al estudio dedicado y al trabajo duro, por favor 

¡DAME UNA ÚLTIMA OPORTUNIDAD!

En este momento, un silenció sepulcral envolvió el lugar y entonces llegó este joven al clímax  de su desesperación, había tocado fondo emocional.  Vio en la esquina del granero una silla y en ella una soga gruesa y fuerte, con la mente nublada por la desesperación tomó ambas.  Se subió a la silla y atravesó la cuerdo, hizo un nudo alrededor de su cuello y se colgó, entonces sucedió algo inesperado:  La viga era vieja y estaba frágil así que se rompió por la mitad y de ella salieron fajos de billetes, piedras preciosas y varios títulos de  propiedad; también estaba una nota que solamente decía:

HIJO MIO, AQUÍ TIENES LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD QUE PEDISTE.  ¡APROVÉCHALA!

 


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