E
L P U E N T E
Existieron dos hermanos que vivían en el campo, cada uno
tenía una próspera hacienda y los separaba un pequeño río. Ellos se llevaban muy bien, se platicaban
sus problemas y se ayudaban el uno al otro, pero un mal día, estos hermanos
tuvieron un disgusto muy fuerte; tal fue su descontento que dejaron de
hablarse.
Así estuvieron varios años hasta que un buen día llegó
a la hacienda del hermano menor un hombre de edad madura y aspecto bondadoso,
este se presentó y dijo:
-
¡Buenas tardes tenga Usted!
-
Buenas tardes buen hombre, que se le ofrece.
-
Vera, yo vengo de fuera y estoy buscando trabajo, soy muy entendido en
las labores del campo; se cortar leña, ordeñar vacas, arrear ganado y, sobre
todo, soy muy bueno con las reparaciones que su hacienda necesite.
-
Qué bien, –contestó el hermano menor- necesito alguien que me ayude aquí y sobre todo que
lleve a cabo una remodelación que desde hace tiempo tengo planeado hacer en la
hacienda.
-
Muy bien señor, y dígame ¿Cuál es esa remodelación?
-
Atrás del establo hay un río, ese es el límite de mi hacienda, quiero
que ahí construya la barda más alta y gruesa que le sea posible, quiero estar
lo más aislado posible de la hacienda vecina.
-
Está bien señor –contestó el buen hombre-.
Así es, tristemente el hermano menor quería
distanciarse aun más de su hermano mayor y dárselo a saber mediante la
construcción de esta barda.
Pasaron los días y el hermano menor estaba tan apurado
en las labores de la hacienda, que no fue a supervisar la obra ni una sola vez.
A los pocos días, cuál no sería su sorpresa al ver a su
hermano mayor en la sala de su casa esperándolo. Le dio un enorme abrazo. El hermano menor no
salía de su asombro.
-
Hermano, te pido perdón por las todas las ofensas que te dije. Con el puente que construiste entre nuestras
dos propiedades, me diste un claro mensaje de tu deseo de reconciliación y aquí
me tienes, dispuesto a olvidar todo lo pasado y seguir siendo los hermanos de antes. No sabes cuánto sufrí todo este tiempo por
nuestro distanciamiento.
-
¿Un puente? ¿Qué puente?
-
El que construyó uno de tus trabajadores.
-
Pero si yo le pedí que construyera una barda, la más alta y gruesa que
su capacidad fuera posible realizar. Y
aunque no cumplió mis órdenes, bendito sea por no haberme obedecido pues con
esto, tú y yo nos reconciliamos.
Muy contentos ambos fueron a buscar a este hombre a su
jacal para agradecerle tan noble acción, pero vieron con asombro que este
estaba empacando sus pocas pertenencias:
-
¿A dónde vas? -le dijo su
patrón-, con lo que hiciste, mira que acción tan buena que hubo como resultado.
-
No puedo quedarme señor, me tengo que ir.
-
Te aumentaré el sueldo al doble, no, no, al triple de lo que ganas
ahora, además te nombraré el capataz de la hacienda, ya no harás labores
pesadas y solo vigilarás a la gente.
-
Lo siento señor, pero mi función en su hacienda ya terminó, tengo cosas
mucho más importantes que hacer.
-
¿Pero qué cosas más importantes que hacer tienes?
-
Tengo que seguir mi camino para seguir
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